Las manos, mi verdad

Las manos, mi verdad

Ene 10, 2016 Artículos por hpqlu

Muchas veces iniciamos una conversación con una simple palabra, un“Hola”, y con un gesto característico: la palma de nuestra mano orientada hacia esa persona a la cual nos dirigimos.
Las manos son los indicativos más directos respecto a la muestra de intensidad e importancia que se pueden aportar a cada idea que se quiera transmitir. Marcar gestos rectos y fuertes en las palabras clave de una intervención, como si selláramos el momento de enunciar cada una de esas esenciales palabras, ayudan a que el espectador fije su atención en esos términos. Lo provoca el orador.

Pero, como todo en esta vida, tienen otra cara las protagonistas de este artículo, ya que son las primeras  chivatas de nuestro nerviosismo, a través de los temblores o la sudoración, mostrando una inseguridad que podría trasladar el mayor desinterés al público, reduciendo la calidad de nuestra idea. Según los principales estudios de lenguaje no verbal, el 70% de nuestra comunicación es de origen corporal. Además, por ejemplo, en el campo del marketing se aporte aún más importancia, alcanzando el 90%.

En numerosos casos, los grandes oradores hacen uso de los gestos ilustrativos, los cuales representan una imagen o estructura con el dibujo que genere el movimiento de nuestras manos, aportando mayor información de esa idea, y generando así la imagen que queremos transmitir a los espectadores, con mayor nitidez. Ocultarlas seria el mayor error, porque esa falta de expresividad trasladaría desconfianza a los oyentes.

Actualmente, en la política, las manos son verdaderos reflejos de la confianza a la hora de hacer una promesa, o del ocultamiento de parte de la verdad, dependiendo de su comportamiento. El diálogo que interpretamos con nuestras manos es esencial para transmitir la totalidad del mensaje.

Así, las manos son el canal para señalar, enumerar, localizar, generar importancia, calmar o enaltecer al público.

Estas tienen que ser el mayor indicativo de lo que queremos decir: son como la batuta de la orquesta del Concierto de Año Nuevo, ya que nos ayudan a dar los turnos a las palabras clave de nuestra intervención, a dibujar nuestra idea para generar el desenlace de la partitura perfecta.

Porque una batuta dirige el mejor concierto que la palabra pueda ofrecer.

 

Manuel Morey Vives.

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